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lunes, 28 de abril de 2014

Aves olvidadas: el pelisco, por fin sabemos lo que es.



En la entrada que publiqué el 20/12/2012 sobre el poema del siglo XIII el “Debate en entre Elena y María”, entre las aves que mencionaban aparecían dos que desconocíamos de que especie se trataba, eran el lengulado y el pelisco. Veamos de nuevo el fragmento en el que aparecían, y en el que se detallaba un buen número de aves comunes:

El ruiseñor, que es buen jogral,
aquella corte fue morar;
don açor e don gavilan
en aquella corte estan
don cerrenicalo e don falcon,
don ... imo e don pavon,
el gayo e la gaya,
que son jograles de alfaya,
el tordo e el lengulado
e don palombo torcado
e el estornino e la calandra,
que siempre de amor cantan,
el pelisco e la sirguera,
que de todos los buenos eran

            La verdad es que ya daba por perdido el asunto de identificar a que especie correspondían estos dos nombres, cuando entró en escena el compañero bloguero  Alex Mouchard, editor del blog Historias zoológicas, de temática afín a este, pero sobre temas principalmente argentinos y sudamericanos, y que recomiendo que visitéis. Pues bien, en su incansable búsqueda consiguió identificar la especie a la que se refiere la voz pelisco, en un lugar un tanto atípico, en el foro de la ciudad de Cáceres (que le llevó hasta allí es un misterio). Resulta que en dicho foro alguien contó una historia que todos hemos oído de culebras que se cuelan en las casas para mamar de los pechos de las madres lactantes, el que contaba la historia mencionaba a un personaje de mote “el pelisco”, el autor aclara que es “el pájaro petirrojo, que aquí llamamos “pelisco”, es una diminuta ave, con el plumaje del cuello de un fuerte color rojo anaranjado, nervioso, moviendo su cola levantada de arriba a abajo de continuo, cuya presencia, casi familiar y habitual en estos pagos, no es difícil de observar y ver posado durante la primavera y el otoño, sobre las ramas de algún árbol sea olivo, cerezo, manzano, higuera, peral..., merodeando y moverse inquieto entre la espesura de los frondosos zarzales.”, ahí lo tenemos el pelisco es el petirrojo europeo, al menos en Cáceres, quien me iba decir que el ave que buscaba era la misma de mi propio nick: Raitán.
            Y sobre el lengulado de momento no hay novedades, aunque el hallazgo de Alex me ha dado fuerzas renovadas para continuar, hoy mismo hemos conseguido localizar una pequeña nota manuscrita en el corpus del legado de Miguel Gual Camarena (investigador del comercio medieval en otras cosas) y que ha publicado la Universidad de Murica, la nota, sacada de la edición de Menéndez Pidal del mismo poema que nos ataña dice lo mismo que nosotros: ave desconocida:


  
          Quiero agradecer a Alex Mouchard las molestias que se ha tomado al remitirme el resultado de sus pesquisas.

viernes, 25 de abril de 2014

Las aves en la literatura clásica ibérica: Del origen (ficticio) asturiano del gavilán común

   Desde que es instauró en sistema binomial propuesto por Linneo muchas especies han continuado con el nombre que ese naturalista les puso, pero otras, debido a avances en la genética o a cambios de tipo lingüístico, han cambiado sensiblemente. Una de esta especies en las que ha cambiado la voz que asignaba su género fue el Accipiter nisus (gavilán común) que hasta bien entrado el siglo XX se le llamó Astur palumbarius. El origen del nombre genérico está relacionado con alguna voz vernácula latinizada, del tipo autour o azor, posiblemente de origen francés. No obstante, el evocador nombre astur, produjo un torrente de hipótesis en la cabeza del Rafael de Floranes y Robles, autor del libro de Aves de caza (Madrid, 1880). Es un texto que no difiere mucho de los textos de cetrería de la época o anteriores, siendo en muchos casos copia de algunos clásicos, aunque tiene algunas cosas originales, como el texto que vamos a ver, que aunque totalmente falso, no está carente de interés y curiosidad, y  lleno cierto aire de romanticismo. Vaya bonita historia, de haber sido cierta, la de una especie propia de las tierras de las Asturias, que se expandió por toda Europa gracias al imperio romano. Os dejo con las palabras de Rafael de Floranes:

Aunque el ya citado Cobarrubias, siguiendo las tradiciones de algunos libros antiguos de Cetrería, en el artículo Azor escriba ser esta ave para nosotros peregrina, traída á los principios de esas partes septentrionales y después criada en España, no obstante creo que se deba desistir de semejante tradición. Porque si el nombre que le corresponde en latín no es accipiter, que le dan los más, sino el de astur que dan los franceses y otros muchos á sus autour ó azor nuestro; ó conviniendo, por lo menos, que tal nombre pertenezca á cierta especie o casta de él, en nuestras Asturias, pues de ahí, según todos, es este nombre astur, el cual propiamente significa el asturiano ó la cosa que es patriótica de ese país. Al modo que los romanos llamaron caballitos asturcones á las jacas recias y camineras que llevaron de esta región, donde todavía las hay que sirven al traxino, y aun algo más pequeñas, pero más duras, crian cerriles en los Puertos como ganado bravío, á disposición del primero que tenga la habilidad, no muy fácil, de apresarlas... Los romanos que tuvieron medido á palmos todo el ámbito que dominaron, ninguna de los productos de cada patria permitieron se reservase á su conocimiento. Como no les ocultaron las ricas minas de Asturias, de que puestas en la labranza llegaron a sacar tan cuantiosos provechos; con este motivo tuvieron disposición de cruzar bien el país, reconocerle y saber todos los demás géneros de su producción nativa. De ahí fué la noticia cierta de la existencia de los asturcones y de su índole y utilidad; los cuales, por ventura, ellos mismos ocuparon en el trajino de los metales, leñas, forrajes, etc. Pues ya dado ese principio, ved ahí por donde con el trato de las gentes vinieron también á adquirirla de que en el país había un particular género de aves que servía para la presa de otras regaladas. Y, como á los caballitos, por naturales de Asturias, ellos en su lengua los llamaron asturcones, por esta misma razón a los dichos pájaros los llamaron astures; prueba de que de tal especie no los había en su tierra, porque de otro modo el nombre de allá les hubiera dado.

miércoles, 23 de abril de 2014

Aves en la literatura medieval: algunas citas de águilas

   En una entrada reciente (21/04/2014) hablamos de las aves citadas en el Cantar de Mio Cid y otros romances vinculados a él, en esta ocasión buscaremos referencias sobre las águilas en la literatura medieval, que si bien no nos dan muchas reseñas, encontramos algunas de interés.

    En el Cantar de Roncesvalles (relacionada con la francesa Chanson de Roland), del que se conservan nada más que cien versos, narra las andanzas del caballero Roldán, general de Carlomagno, en la conquista de Hispania contra las orbes islámicas, y fue escrito entre el 1220 y el 1250, en una variedad del romance a medio camino del castellano romance y el navarroaragonés. La versión que yo consulté del Cancionero de Romances (anterior al año 1550), se cita una escaramuza, soñada, entre un azor y un águila:


Un sueño soñé, doncellas,
que me ha dado gran pesar
que me veia en el monte
en un desierto lugar,
de so los montes muy altos
un azor vide volar.
Tras del viene un aguililla
que lo inca muy mal.
El azor con grand ecuita
metiose en su brial
el aguililla con grande ira
de alli lo iba a sacar,
con las uñas lo despluma,
con e pico lo deshace.

    Volvemos a encontrar referencias a águilas en el Cantar de los Siete Infantes de Lara, las versiones que conocemos datan del siglo XIII, pero Menéndez Pidal encontró rastros de un cantar de gesta que fechaba en el año 1000, por lo que esta obra sería una de las más antiguas de las literatura castellana, junto con El Cid y el Cantar de Fernán González, la verdad es que la temática es digna de una serie televisiva de TVE, girando la trama en torno a disputas familiares y la sombra de una venganza. Pues bien, en la versión que he consultado (Reliquias de la poesía épica española de Menéndez Pidal, de 1951), se encontramos la siguiente cita:

un aguila cabdal ferrera que estava encima de un pino

Emblema de la casa Ximena
    Tenemos aquí una clara referencia al águila real (Aquila chrysaetos), cabdal es caudal o principal, que otra especie más que la real habría de ser, símbolo de muchas casas reales e imperios, incluso del apóstol Juan.

   Existen otras referencias medievales al águila caudal, así en el Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita (1320), en el Ensiemplo del aguila e del caçador se cita:



El aguila cabdal canta sobre la faya,
todas las otras aves de ally las atalaya:
non ay pendola della, que en la tierra caya:
sy vallestero la falla, preçiala mas que saya.

    Siguiendo el repaso de citas de águilas en algunas obras literarias medievales, tenemos el cuento 33 de El Conde Lucanor, de Juan Manuel (1330), donde Sempronio relata Lo que contesío a un falcón sacre del infante Don Manuel con una águila et con una garça. Podemos leer el cuento en este enlace
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-conde-lucanor--0/html/00052e2a-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html





    En otra ocasión hablamos del Libro de los gatos (Lemir 3, 1999) escrito entre 1350 y 1400, que es  traducción de Fabulae de Odo de Cheriton, en él se nombran muchas de las fábulas de Esopo, y encontramos algunas relativas a águilas, no nos ofrecen información sobre la historia natural de este grupo, pero a nadie le desagrada una fábula bien contada, por lo que este libro es de gran interés. De todas las relativas al águila, tengo predilección por el Enxemplo del aguila con el cuervo, que ahora transcribo y con la que cierro la entrada:


El águila una vegada habia mal de los ojos; el cuervo, que es físico de las aves, demandóle consejo qué podria facer para el mal de los ojos. Dijo el cuervo: "Yo traeré una buena yerba que vos sanará luego." Et dijo el águila: "Si tú eso faces, yo te daré buen galardon." Estonce el cuervo tomó el zumo de las cebollas, é fizo emplasto é púsogelo en los ojos, é ansí commo gelo hobo puesto cegó luego el águila, é despues que el cuervo la vió ciega comió á sus fijos; et dijo el águila: "Maldicha sea tu melecina que non veo nin punto; encima desto me has comido mis fijos." Et el cuervo respondió: "Mientra que tú veias nunca podia comer de tus fijos, maguer que mucho los deseaba comer, é así lo hago despues que tú fueste ciega é es el miedo complido." Por el águila se entiende el prelado; ca el prelado ha los ojos abiertos, que está en buen estado é guardado de pecado, que non ha cuidado de otra cosa salvo de servir á Dios é de guardar su pueblo. Los fijos del águila é el cuervo se entiende por el diablo que está deseando aqueste pueblo para lo matar é comer; mientra aquel prelado ha los ojos abiertos, todo su deseo es nada; mas ¿qué face el diablo? Face un plasto de ligamiento de las cosas temporales, é échalo en el corazon del prelado por tal que ponga en ellas todo su cuidado, é que non pueda en ál pensar nin entender en las cosas celestiales. Ansí lo face el prelado, que pone todo su cuidado en sus rentas é en las otras cosas temporales, ansí que los ojos celestiales son ciegos, é despues el diablo come los fijos feriendo como el águila de la una parte é de la otra. Esta postura fizo Michas con Gabet é con Galeat, que él con todos los suyos que se sacasen los ojos derechos é que los dejaria en paz, ansí commo se cuenta en el primer libro de los Reyes. Aquel paresce á la serpiente antigua que face tanto cuanto puede por les toller los ojos espirituales porque non puedan conoscer las cosas celestiales en esto; ansí que son á siniestro, ansí commo muchos otorgan en esto ha menos en un ojo.

lunes, 21 de abril de 2014

Las aves en los clásicos de la literatura ibérica: Las aves del Cid


    Mi gusto como lector se acrecienta cuanto más lejano en el tiempo está el origen de la obra, quizá porque me gusta ver los entresijos de la vida cotidiana de épocas lejanas, es una lástima que apenas existan textos ibéricos más allá del siglo XIV. En ese siglo apareció uno de los textos más antiguos escritos en castellano, el Cantar de mio Cid (se baraja el año 1307 como fecha de escritura de alguno de los manuscritos), que recogía de forma escrita los romances que se venían cantando desde mucho tiempo atrás sobre los avatares del destierro de aquel mítico caballero, ¿hallamos alguna referencia a las aves en esta obra?
  Al comenzar el Cantar, una vez que es expulsado del reino, se va con lo mínimo para el camino, prescinde de todo lujo, y no se lleva el bien más preciado para cualquier caballero, las aves de caza, el texto dice así:



Vio puertas abiertas e uços sin cañados
alcandaras vaçias, sin pieles e sin mantos
e sin falcones e sin adtores mudados



    Esta es la única ocasión en la que se nombran aves en todo el romance, quizás motivado por que Díaz de Vivar prescinde de todo lujo y diversión hasta no recobrar su honor perdido, siendo una de las “penitencias” que se autoimpone abstenerse de las prácticas venatorias. Es una lástima que no se mencionen más aves en esta obra del siglo XIV, ya que no abundan las fuentes literarias de tan temprana época, y son de gran valor para conocer muchos aspectos de la vida cotidiana, entre ellos la relación de aves que se usaban para cazar o las que eran cazadas.
    Existen otros romances y cantares sobre este afamado personaje, pero nos ofrecen prácticamente la misma información, quizá una de las más interesantes es el fragmento de las Vistas de Fernán González y el rey de León, que aparece en la precuela El Cantar de Rodrigo y el rey Fernando (Reliquias de la poesía épica española de Menéndez Pidal, de 1951), donde se pone el precio al valor de un azor y un caballo (en otra entrada hablaremos más tendido sobre el tema):

En León son las cortes.
Llegó el conde lozano;
un cavallo lleva preçiado,
e un azor en la mano.
Et conprogelo el rey
por aver monedado:
en treynta e çinco mill maravedis
fue el cavallo e el aços apreçiado.

    En otro fragmento este mismo romance, La quinta lid campal, encontramos un dato que puede ser de interés, pues se nombran tres halcones, mientras que de azores no se nombra número, indicando quizá que los halcones fuesen más apreciados que los azores:

et açores mudados,
et tres falcones,
los mejores de los reinados


    Existen varias versiones de un romance en el que Ximena Gómez (y digo Ximena y no Jimena, ya que era su nombre real, y así aparece en las ediciones críticas) denuncia al rey los tratos despectivos de su marido Rodrígo Díaz de Vivar, y es que, al contrario del amor expresado por Sofía Loren a Charlton Heston en la superproducción de Hollywood de El Cid (1961), el matrimonio fue muy desavenido, hemos de tener en cuenta que el propio Cid mató al padre de Ximena, el conde Lozano, y que en compensación el rey obligó al Cid a casarse con ella, así la pobre dama, se lamentaba en el texto del Romance de Ximena Gómez, aparecido Silva de varios romances (1550):

Cada día que amanece,
veo quien mato a mi padre,
y me pasa por la puerta
por me dar mayor pesar,
con un falcon en la mano
que trae para cazar;
matame mis palomillas
que estan en mi palomar.

    Como vemos menciona la cría de palomas como entretenimiento de las damas, un nuevo ejemplo de esto lo encontramos en Romance de como Ximena Gómez, hija del conde Lozano, vino a querellar al rey del Cid (recogido por Juan de Escobar en Historia y Romancero del Cid, de
1605).

cada día que amanece
veo al que mató a mi padre
caballero en un caballo,
y en su mano un gavilán
por faceme más despecho
cebalo en mi palomar,
matame mis palomillas
criadas y por criar.

    Como vemos los textos del Cid, apenas nos aporta datos sobre las aves, ¿qué sucede en otras obras medievales? Lo veremos en próximas entradas.
 

martes, 1 de octubre de 2013

Las aves en los viajes de Marco Polo: el bagherlac




          Aunque no es una obra ibérica vamos a comenzar un serie sobre el libro de Viajes de Marco Polo titulado: El Libro del Millón de costeras de Oriente: Japón, India, Sri Lanka y el Sudeste de Asia, así como la costa oriental de África. El cuarto libro trata de las guerras que mantuvieron poco antes entre sí los mongoles, y describe también algunas regiones bastante más al norte, como Rusia, editado en 1298, o mejor dicho sobre algunas referencias a la aves que aparecen en él. Fue escrito en provenzal, y hasta el siglo XVI no se editaron versiones en castellano. Fue un libro revolucionario para la época, la cerrada Edad Media, y aunque está lleno de fantasías y exageraciones, tiene un gran interés histórico, etnográfico y científico. Pero vamos a lo que nos interesa: las aves.
            En la parte que habla de Imperio de Kublai Khan, y en el capítulo que describe una región recóndita rodeada de montañas, como el Karacorum o los montes de Altai, llamada la llanura de Bargú, encontramos el siguiente fragmento:

“en su ribera hay una alta montaña donde anidan los azores y halcones; pero nadie vive en esa región, ni hombre ni mujer ni ave ni otro animal, salvo los halcones y una especie de pájaro llamada bagherlac, de la que se alimentan. Esos pájaros son como perdices de grandes y sus patas asemejan las de los loros, su cola es como la de los milanos y se comportan de forma vivaz, por lo que los halcones han de ser muy rápidos para cazarlas.”

            En muchas de las traducciones castellanas del libro de Marco Polo estas aves aparecen con ese nombre sin asignarle un nombre patrón castellano o un nombre binomial, ¿que especie es el bagherlac?  Después de consultar varias fuentes, la que nos ha orientado mejor son los volúmenes del  libro Notes on Marco Polo de Paul Pelliot (editados en 1959, 1963 y 1973). Por lo que dice es muy posible que se trate de la Ganga tibetana (Syrrhaptes tibetanus), especie que cría en la meseta pedregosa del Tibet y en varios lugares del centro de Asia. Además de estar presente en la zona de citaba Marco, hay otros rasgos que coinciden: su vuelo es muy rápido, su patas se parecen a las de los loros por estar emplumadas , y su cola es horquillada, aunque no como la de los milanos, sino como la de las golondrina, como dos grandes apéndices en forma de horca larga.

Por cierto, según Pelliot el nombre de Bagherlac vendría algo así como “perdiz, o similar” de Bargú.

          

viernes, 29 de marzo de 2013

Las aves en el Vokabulario de refranes de Korreas 2: Buitres




La lectura de refraneros antiguos en muchas ocasiones nos da pistas del significado de algunos, 
que aunque hoy están en eso, nos resulta difícil explicar como se originaron. Korreas recogió un 
refrán, en su colección de refranes y proverbios,  que está relacionado con el refrán Más vale 
pájaro en mano que ciento volando, incluso puede que este derive del que el autor del  
Vokabulario de refranes recogió, dice así:
 
                             Más vale pájaro en mano que buitre volando.

Hoy puede resultarnos un tanto absurdo este refrán, pero el mismo Eduardo Korreas 
aclara:
              El sentido común es que vale más poco en la mano seguro, que mucho 
              incierto;ó un pájaro cualquiera, que no un buitre volando por asir. Parece 
              que salió este refrán de la volatería, en que es mejor tenerse el halcón en la 
              mano que soltarle á un buitre y andarle volando, que es mala ave y poderosa,
              á matar el halcon.

 
La caza de los buitres fue, antaño, bastante común (incluso el rey se dedicaba a este 
entretenimiento), los cazaban con halcones como los que menciona Korreas, o por 
medio de otra técnica, basada en ponerles cebo en el suelo, y después de artos de comida, 
los mataban a garrotazos o pedradas, ya que no podían levantarse volando de lo pesados
que estaban, por haber comido tanto. En relación a esta técnica, Korreas recogió dos refranes, 
que en su sentido figurado se refiere a poner una trampa a una persona para engañarla:
 
                                               Acudir como buitres al cebo.
 
                                         Cebo de azuelo y carne de buitrera. 
 
Sobre el último proverbio dice Eduardo Korreas:
 
Que el cebo del anzuelo es engañoso como la carne de buitrera, que se 
pone con el lazo para engañar y cazar los buitres y otros animales que 
uno y otro es parecido, conforme al otro: «pan de boda, carne de 
buitrera».

miércoles, 27 de marzo de 2013

Las aves en el Vokabulario de refranes de Korreas 1: anátidas

     
En el siglo XVII Gonzalo Korreas Iñigo (ortógrafo andaluz que trató de imponer una serie de 
normas que pretendían simplificar la escritura castellana, eliminando ambigüedades que inducen a 
las faltas ortográficas, así, proponía usar la “k” para la “c” fuerte y la “q”), editó su Vokabulario de 
refranes y frases proverbiales  (1627), en el encontramos cientos y cientos de refranes, algunos aun 
seguimos usándolos, otros se perdieron por el camino, entre todos hallamos bastantes que hacen
referencia al tema que nos ocupa en este blog, las aves en la literatura antigua. Creo que será de vuestro 
interés esta pequeña serie sobre las aves en los refranes de Korreas, Vamos a ir viéndolas en orden 
taxonómico, por lo que este primer capítulo lo dedicamos a las anátidas (patos y afines).
Comenzamos con los ánsares o gansos con uno que tiene historia detrás de él:
 
                                              La gansa de Cantimpalos, que salía
al lobo al camino.
 
también lo escribe como:
 
El ánsar de Cantimplora, que salió
al lobo al camino.

  Al parecer, según el mismo Korreas, este refrán tiene origen en una historia tradicional, dice: 
 
Los de este lugar cuentan por tradición de los pasados, que una mujer llamada la Gansa, 
salía al camino de otro lugarejo vecino á tratar á solas con el cura de allí, que se llamaba 
Lobo. Camtimpalos ó Cantipalos, es cerca de Segovia; el otro lugarcillo del cura ya está 
despoblado. El vulgo ha trocado este refrán en el otro: El ánsar de Cantimpalos ó 
Cantimpalo, porque á los nombres que comienzan en A, aunque sean de hembras, se pone 
el artículo el: el ánsar, por la ánsar hembra.
 
               No sabemos que era lo que trataban Gansa y Lobo a solas...
 Otros refranes sobre gansos, que posiblemente tengan también origen en un cuento 
Asturiano o Gallego (ya que Payo (Pelayo) y Olaya (Eulalia) son nombres de estos lugares) son 
los siguientes:
 
Como el hijo de Payo, que murió
de la coz de un ganso.
 
Como la hija de Olalla, que murió
de la coz de una gansa.
 
               Sobre ánsares todavía encontramos otro refrán en la obra de Gonzalo Korreas:
 
Hierba pace quien lo ha de pagar;
y era un ánsar.
 
               Después de los gansos encontramos varias referencias a patos y ánades en general como 
aves de corral de poco provecho:
 
Ni patos á la carreta, ni bueyes á
volar, ni moza con viejo casar.
 
Ánade, mujer y cabra, mala cosa
siendo magra; ó no quiere ser magra.
 
  También se refiere a ellas como “aves de cuchar” (“aves de cuchara”, por la forma de su pico):
 
Ave de cuchar, más come que val.
 
Ave con cuchar, nunca en mi corral.
 
Ave con cuchar, nunca entre en tu corral.
 
               Aclara Korreas: “Porque son muy tragones, ánsares y anadones, y tienen el pico 
como cucharones”
 
               Sobre otros aspectos de la vida de los patos tenemos uno que hace referencia a su voz, 
y además cita a otra anátida: el cisne.
 
Canta el pato entre los cisnes.
 
               Aunque el refrán destaca la voz del pato como fea y tosca al lado de la de los cisnes, 
hemos de decir que aunque el cisne es paradigma de belleza, su voz no lo es tanto, y es tan ronca 
(o más) como la del “pato”. 
 
               Un último refrán:
 
Cantando las tres ánades, madre.
 
               Gonzalo Korreas explica este refrán:
 
Dícese denotando facilidad en hacer algo, para significar el placer y poco cuidado con 
que andan algunos; tomada la semejanza del cantar viejo: las tres ánades, madre, solas 
van por aquí, mal penan á mí.
 
               No se si recordaréis este cantar viejo, del que ya hemos hablado cuando vimos las 
aves que aparecen en las novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, en concreto en la La ilustre 
fregona, es una canción que aparece en el Cancionero de palacio de Juan Arrieta (siglo XV)   
con el título Dos ánades madres, que podemos escuchar en www.youtube.com/watch?v=S5yt-WEKtIM.
 

domingo, 30 de diciembre de 2012

Las aves en los clásicos de la literatura ibérica: Las aves en el Quijote



En otra entrega hablamos de las aves que Cervantes menciona en sus Novelas exemplares, hoy vamos a repasar las citas en su máxima obra, el gran clásico de la literatura ibérica El ingenioso hidalgo don Quixote de La Mancha. Como en las otras obras de este autor en muchas ocasiones las citas a aves tienen una función metafórica o sirven como comparación, incluso aparecen en frases hechas, como la primera referencia que hemos encontrado en la primer parte:

-Señor, una golondrina sola no hace verano.

            En el capítulo XIV de la primera parte aparece La canción de Grisostomo, donde se mencionan varias aves:

[...el agorero
graznar de la corneja, y el estruendo
del viento contrastado en mar instable:
del ya vencido toro implacable
bramido, y de la viuda tortolilla
el sentirle arrullar; el trsite canto
del envidiado buho...]

            Los córvidos vuelven a aparecer en el capítulo XXII de la segunda parte como agoreros:

[...salieron por ella infinidad de grandísimos cuervos y grajos, tan espesos y con tanta priesa, que dieron con don Quixote en el suelo; y si él fuera tan agorero como católico cristiano, lo tuviera a mala señal y excusara de encerrarse en lugar semejante.
      Finalmente, se levantó, y viendo que no salían más cuervos ni otras
      aves nocturnas...]


Ya en el capítulo X de la segunda parte, encontramos una referencia a halcón, ave usada por los cetreros de la época:

[...tomó la corricia, y puestas ambas las manos en las ancas de la pollina, dió con su cuerpo, más ligero que un halcón, sobre la albarda.]
           
            Más adelante, cap. XLI de la segunda parte, nombra más aves de cetrería:

[...como hace el sacre o neblí sobre la garza, para cogerla por más que se remonte...]

[...la blanca paloma se verá libre de pestíferos girifaltes que la persiguen...]

[...que las uñas largas hermosean las manos, como si aquel excremento y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero...]

            Hemos de destacar de esta última cita, que la voz Cernícalo lagartijero aun se conserva para Falco tinnunculus en La Manchuela (Albacete) (http://www.elbienhablao.es)
           
En el capítulo XII de la segunda parte, hace referencia a dos aves “zancudas” castellanas:

[...de las cigüeñas el cristel, de los perros el vómito y el agradecimiento; de las grullas la vigilancia...]

      
            A los pequeños paseriformes los nombra en pocas ocasiones y siempre como recurso estilístico, en el cap. XXII de la primera parte dice:

[...Este, señor, va por canario, digo por músico y cantor...]

           
            En el XXXVII de la segunda parte, menciona al jilguero en su forma antigua:

[...he oído decir a un boticario toledano que hablaba como un sirguero...]

lunes, 24 de diciembre de 2012

Las aves en los clásicos de la literatura ibérica: Papavientos, Sapos voladores y Chotacabras



       Releyendo una traducción de la Encyclopedia metódica de Louis Jean Marie Daubenton (1788), me llamó la atención la mención de un ave cuyo nombre ha caído en desuso, Papavientos, y quizás fuese un nombre mucho más acorde con los hábitos del género Caprimulgus, que es al género al que nombra la voz normalizada como Chotacabras (voz de origen casi mitológico). El autor citado nos dice además:

[Los nombres por los que es mas conocido este páxaro son los de sapo volante y chotacabras]

De entre los nombres que se le dan a ave este es quizá la que más se aproxima a los hábitos de este grupo, que vuela con la boca abierta con el fin de cazar los insectos que forman el aeroplancton, por contra, como ya apuntamos, la voz normalizada tiene un origen basado en una creencia popular, aunque Bernis lo daba como el más extendido, cosa que no parece ser así ya que la voz Papavientos aperece en muchos lugares de la Península Ibérica.

Las Obras completas de Buffon, traducidas y comentadas por Antonio Bergnes y de las Casas (1832), hablan con acierto sobre el tema:

[Cuando se trata de dar un nombre á algún animal, o lo que viene á ser lo mismo, elegir uno entre muchos que se le han dado, fuerza es á mi ver preferir el que presente idea mas justa de su naturaleza, propiedades y hábitos, despreciando los que tiendan á acreditar falsas ideas ó á perpetuar errores. Siguiendo este principio, deseché los nombres de Mama-cabra, Sapo-volante, Grande mirto, Cuervo nocturno, y Golondrina de cola cuadrada, dados por el vulgo ó por los sabios al ave de que se trata. Refiérese el primero á una tradición, en verdad muy antigua , pero mas sospechosa aun, por ser mas difícil suponer en un ave el instinto de mamar de una cabra, como á esta, la complacencia de consentir que el ave la chupe, siendo igualmente incomprensible cómo mamando aquella, pudiera hacer perder á esta su leche. Por esto, habiéndose Schwenckfeld informado exactamente en un país donde había numerosos rebaños de cabras en aprisco, asegura no haber oído decir á nadie que jamás se hubiesen ellas dejado chupar por ninguna ave. Ello será que el solo nombre de Sapo-volante haya atribuido á esta ave lo que con mayor fundamento se sospecha de los Sapos.
He igualmente desechado los demás nombres que se le dieron, por no ser ni Sapo, ni Nirlo, ni Cuervo, ni Lechuza, ni aun Golondrina, á pesar de parecérsela en algo, habida razón ya de sus hábitos ya de su conformación exterior, en sus pies cortos, por ejemplo, pequeño pico seguido de ancho gaznate, elección de alimentos y modo de tomarlos, diferenciando con to-do«sto de ella bajo otros aspectos lo que un ave diurna difiere de la nocturna, lo que un ave social difiere de otra solitaria. A mas de que es diverso su grito y desigual el número de sus huevos, que acostumbra depositar en el tiempo de sus viajes á raiz de tierra; y aunque, como se verá mas adelante, existe una especie de Golondrinas de cola cuadrada, ni aun con esta deberá confundírsele. Consérvele por fin, el nombre de Papavientos porque si bien algo vulgar, expresa muy bien la actitud del ave, cuando tendidas las alas, zahareño el ojo y abierta la boca, cuanto puede, vuela con zumbido sordo en busca de los Insertos en que hace presa pareciendo engullirlos con solo la aspiración.
Aliméntase en efecto de Insectos, nocturnos sobre todo, por no romper el vuelo ni empezar su caza sino cuando está el sol poco elevado en el horizonte; y si la empieza al medio dia eso será bajo un horizonte cargado 6 nubloso. No sale en un bello dia sin verse precisado á ello, y en este caso su vuelo es bajo y poco sostenido. Tiene tan sensible la vista, que mas bien le deslumhra que no le da luz el dia claro, de modo
que solo puede ver con débil luz, mas no se crea por esto que vea y vuele en total oscuridad. Encuéntrase en el caso de las demás aves nocturnas, las que con toda propiedad deberían llamarse mas bien aves de crepúsculo.
No tiene necesidad de cerrar el pico para impedir que huyan los Insectos que ha cogido; lo interior de este pico está como empegado de una materia viscosa que parece manar de la parte superior, y que es bastante á retener las Mariposas y aun los Escarabajos, cuyas alas se pegan allí.]